Cuarta Reflexión
Quisiera
detenerme para hablar acerca de mi primera llegada a la institución este año. No
como docente sino como visitante, un visitante que no sabía que esperar de él
lugar al que había llegado en su infancia. He comentado como fue mi primer día
de “trabajo”, pero no he expresado lo que vino antes. Comencemos:
Pude
encontrarme con que las clases estaban repartidas de las siguientes maneras: Hay
en total nueve salones de clase en la institución, en la mañana, en estos
salones se dictan los niveles de preescolar, primero y segundo. En la tarde se
dictan de tercero a quinto. La institución sigue teniendo los murales de los cuentos
infantiles y la piscina de pelotas justo como los recordaba. La puerta trasera
fue reforzada (Tiene unas barras debajo de esta que evita que se vea el exterior
(Antes uno podría meter la cabeza por allí). Pude ver que pintaron dos murales
adicionales en esta institución, uno de delfines subiendo las escaleras y otro de
un bosque en el escenario de presentaciones.
El antiguo
salón de quinto grado, ha dejado de servir como tal y ahora se ha convertido en
la biblioteca. La selección de libros es bastante reducida y está delimitada a
textos guía para las clases. Los niños ya no usan textos guía en esta
institución, estos solo están en la biblioteca para asistir al docente en
circunstancias en que sean necesarios.
El salón de
ciencias ha dejado de funcionar. Cuando se pasa por su lado se puede sentir
cierta aura nostálgica en él y de cierta forma lastima puesto que por la
ventana se puede ver que tiene todo lo que solía tener dentro de sí excepto que
le han sacado bastantes sillas. Es una pena que todos esos instrumentos estén
ahí situados. El salón no tiene llave así cualquier persona potencialmente
podría entrar allí, aunque la manilla de la puerta ha sido envuelta con una
bolsa de basura.
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