Reflexión final
Toda la
experiencia en los salones de clase en los que participé, me han servido para
conocer mis fortalezas y debilidades como docente. Un día en primero llevé una
actividad que al final resultó ser algo difícil para los estudiantes. La profesora
me dijo que eso era normal pues uno muchas veces sobreestima a los estudiantes.
Que estén animados en realidad muchas veces no le ayuda a una persona a
aprender mejor. Para un niño una sola clase no basta para hacer que entienda lo
que significa una fábula y en qué se diferencia de un cuento común y corriente.
Aunque la
experiencia en el salón de primero fue muy significativa, mi trabajo con
Jacinto es el que más me ha hecho reflexionar acerca de mi rol. Aquí no tuve
ningún profesor coordinador, aquí me defendí solo para intentar trabajar con
él. Recurrí a muchas formas distintas para intentar conseguir su atención.
Muchas veces fallé, algunas veces lo conseguí. Algunas veces salí pensando que
no hice nada, otras veces sentí que de algo le servirá a Jacinto. También he
reflexionado acerca de los mismos métodos que usé. No de todos me siento
orgulloso, pero aunque siento que no fueron “Buenos”, me pregunto si existe un
método distinto que me hubiese funcionado en ese preciso momento.
Al final,
la labor docente es una en la que constantemente se viven experiencias
distintas. No todas estas son agradables, pero algunas llenan a las personas y
hacen que piensen “Eh, quiero volver aquí”.
Intentar e investigar, son las cosas que hay que hacer para dar una
clase en la que no pueda tener remordimientos. Al principio seguramente habrá
caídas pero esas caídas en verdad permiten reflexionar de cómo seguir
laborando.
Comentarios
Publicar un comentario