Novena Reflexión
Un día de
la práctica, el grupo en el que este Jacinto, el estudiante de la tarde, no
asistió, por lo que me asignaron acompañar a una docente de español que conocía
desde la infancia, o creía conocer.
La clase de
la docente fue buena, ella demuestra buen manejo de la lengua y una forma
efectiva de relacionar los temas que se ven en el periodo. El tema que se trabajó
fue la rima, pero no se quedó en la rima sino que dio clase de varias cosas a
partir de una sola palabra de la rima. Ella es muy hábil a la hora de abordar
la asignatura, y lo sabe. Pero sucedió algo que me hizo dudar de que concepción
debería tener de la profesora. Hasta ahora no se qué pensar.
Estaba
explicando en el tablero un ejemplo de una rima asonante. Recuerdo únicamente una
palabra de esta rima “emocionado”. Ella hizo una explicación de la rima a
partir de esta palabra. Lo que no se percato es que había escrito en el tablero
“emociado”. Se equivocó, nada inhumano ha sucedido. Un estudiante le llamo la
atención diciendo “Ahí dice emociado”. Este estudiante pude percatarme es el
más escandaloso del grupo, el típico chico que interrumpe la clase cada que
puede y que si encuentra una razón para molestar en clase, la repite y la
repite sin cesar con la única intención de causar desorden. Todo esto lo sé porque
pasaron cosas con este muchacho en estas dos horas, pero esto no es relevante
al caso. Lo importante fue la respuesta de la docente: “Usted sabe leer, no
interrumpa la clase”. La profesora no volteó a mirar el tablero antes de dar la
respuesta, estaba convencida que lo había escrito bien.
Por un
lado, si me quedaba callado… permitía una instrucción confusa que podría
perjudicar el aprendizaje de las personas grupo. Por el otro lado, si “dejaba
en ridículo a la docente” miren a quien le estaba dando el arma para burlar la
clase de la docente el resto del año.
¿Qué harían
ustedes en una situación similar?
Comentarios
Publicar un comentario